39º56’58.663

SECUENCIAS DE UN MAR QUE ESTÁ EN LOS CIELOS
JAUME VIDAL

Vivimos rodeados de agua. Como individualidades somos islas en medio de mares de personas por los que tenemos que nadar con tiento para no ahogarnos. El mar es la gran metáfora de un planeta paradójicamente llamado Tierra. Desde que el ser humano utilizó las narraciones para explicar la existencia, empleó el mar como símil de la vida y de la muerte. El viaje en barco de Ulises rumbo a Ítaca es la representación de la vuelta a las raíces y los cantos de sirena que se lo impiden, la seducción engañosa. No es el arte un canto de sirena? Nos fascina agradablemente, aunque en sus entrañas también se encuentren sufrimientos y abismos. Julio Verne concibió un gran mar en el centro de la tierra. Un mar como cimientos de la tierra que a la vez se sustenta en el mar. Agua y tierra, un binomio unido y separado a la vez, como los artistas y su arte. Una relación que es como una marea, un alejamiento que nunca es definitivo. El sentido metafórico del mar lo encontramos también en los relatos contemporáneos. J.J. Abrams creó, en la serie televisiva Lost, una isla cuyo mar siempre té transporta al lugar de origen. El mar que avanza y retrocede en el tiempo. El océano como barrera y no como una ruta de encuentro. Un destino marcado y difícil de modificar.
Carmen Tarazona utiliza el mar de forma abierta, como un espacio mental, como una ruta al conocimiento. Su obra ensancha horizontes ya que es sugerentemente narrativa porque encierra mil historias, cuya llave la tiene el espectador. Pero también es sobriamente abstracta, en la que priman las formas por encima de significaciones concretas. La luz y la oscuridad se dan la mano en unas piezas de referentes distorsionados. Es acaso paisajista su obra? Sí, como lo era Turner que en sus cielos encendidos encontramos el germen de la abstracción. Es atmosférica su obra? Sí como los grabados de Gustave Doré que en mares tormentosos hace navegar barcos condenados al hundimiento. Relato, pero vivido. Sus imágenes –las de Doré y las de Tarazona- son sensaciones que rozan la piel. A veces para acariciarla, en otras para herirla. Carmen Tarazona sitúa la frontera del sosiego y la desesperanza en límites nada claros. Son sus obras cantos a la naturaleza? O todo lo contrario, sus capas cromáticas no son acaso una distorsión de una realidad no aceptada. Sorolla pintaba escenas marinas de apariencia costumbrista y que han sido muy celebradas popularmente. Pero no hay algo de inquietante en ese color que pretende ser realista? A la inversa de Tarazona que busca naturalidad a través de la distorsión de los colores.

Pero más allá de las múltiples significaciones técnicas y conceptuales, la obra de Tarazona puede tener una manera muy simple de acercarse a ella. Simplemente observándola y dejando pasar el tiempo. Como un atardecer en una playa, en que la luz ofrece un espectáculo cambiante sin que apenas suceda nada. En las piezas de Tarazona, nada se mueve, pero todo cambia. Es el gran milagro del arte: fijar la vida en un soporte inerte.